“He puesto el límite mil veces… y lo siguen haciendo”
Esta es una de las frases que más escuchamos en consulta.
Personas que llegan agotadas, frustradas y confundidas, diciendo:
“Ya se lo he dicho.”
“Se lo he explicado de mil maneras.”
“He puesto el límite, pero no sirve de nada.”
Y aquí aparece una idea clave que suele pasar desapercibida:
👉
El límite no es para controlar la conducta del otro.
👉
El límite es para definir qué haces tú cuando ese límite no se respeta.
El gran malentendido sobre los límites
En redes se habla mucho de “poner límites”, pero a menudo se transmite una idea incompleta:
como si poner un límite fuera simplemente decir algo…
y que la otra persona automáticamente lo respetara.
Pero la realidad es otra.
Tú puedes comunicar un límite de forma clara, tranquila y sana.
Eso es importante, sí.
Pero
no está en tus manos que la otra persona lo respete.
Lo que sí está en tus manos es:
- qué aceptas
- qué no aceptas
- y qué haces cuando eso se cruza
Ahí es donde el límite se vuelve real.
El límite empieza cuando el otro no lo respeta
Un límite no es repetir una petición una y otra vez esperando que el otro cambie.
Un límite es una decisión interna:
“Si esto vuelve a ocurrir, yo haré X.”
“Si esta conducta continúa, yo me retiraré / no participaré / me protegeré.”
El límite
no es insistir.
El límite es
respetarte.
Y eso es lo que más cuesta.
Poner límites no es un camino de rosas
Aquí hay otra gran mentira que se vende mucho:
que poner límites te empodera al instante y te hace sentir bien desde el primer momento.
En consulta repetimos mucho una idea muy clara:
Escoge tu malestar
Porque poner límites
genera malestar.
Y no ponerlos, también.
La diferencia es:
- un malestar te acerca a la vida que quieres
- el otro te deja estancada y en conflicto contigo misma
¿Por qué poner límites duele tanto?
Para muchas personas, el malestar de poner límites no aparece porque el límite sea incorrecto.
Aparece porque
poner límites estuvo asociado, en el pasado, a un castigo.
Castigos como:
- crítica
- humillación
- rechazo
- enfado
- abandono
- invalidación
Tu mente aprendió algo muy potente:
“Poner límites no es seguro.”
Así que cuando hoy intentas poner uno,
tu sistema emocional reacciona como si hubiera peligro,
aunque racionalmente sepas que es lo sano.
El malestar no significa que el límite esté mal
Este punto es fundamental.
Sentirte incómoda, culpable o nerviosa al poner un límite
no significa que estés haciendo algo mal.
Muchas veces significa:
- que no estás acostumbrada
- que estás rompiendo un patrón antiguo
- que estás desobedeciendo una herida del pasado
Y como cualquier aprendizaje nuevo,
al principio
cuesta.
La buena noticia: ese malestar no es permanente
El malestar de poner límites suele disminuir con el tiempo.
¿Por qué?
Porque:
- tu mente aprende que ahora sí es seguro
- comprueba que no todo límite termina en catástrofe
- empieza a diferenciar el presente del pasado
Lo que hoy se siente como una amenaza,
mañana puede sentirse simplemente como autocuidado.
¿Qué se trabaja en terapia con los límites?
En terapia no solo se enseña
qué decir.
Se trabaja:
- por qué te cuesta poner límites
- qué miedos aparecen
- qué heridas se activan
- cómo sostener el malestar sin volver atrás
- cómo respetarte incluso cuando el otro no cambia
Porque poner límites no va de ser dura.
Va de
serte fiel.
El límite no cambia al otro, te cambia a ti
Y esto es importante decirlo claro:
A veces, poner límites
no cambia la relación.
Pero sí te cambia a ti dentro de ella.
Y otras veces, el límite sí transforma el vínculo
o deja claro que ese vínculo no es sostenible.
Ambas cosas también son información.
No estás exagerando: estás aprendiendo a respetarte
Si poner límites te remueve,
no es porque seas débil o exagerada.
Es porque estás haciendo algo que antes no te permitías.
Y eso, aunque incómodo,
es un paso enorme.
Aprende a poner límites con acompañamiento
En
D’Kahlo Psicología trabajamos los límites no solo desde la conducta,
sino desde la historia emocional que hay detrás.
Puedes
reservar una primera consulta gratuita, donde valoraremos tu situación y veremos qué terapeuta del equipo es la más adecuada para ayudarte a construir límites reales y sostenibles.
Poner límites no es perder a los demás.
A veces es
recuperarte a ti.